Mis veranos en el camping, sin duda de los mejores recuerdos de la infancia




A una semana de que empiece el verano y que con él las vacaciones para algunos, me gustaría destacar una opción vacacional que he practicado durante toda mi vida hasta la actualidad.

Los recuerdos que yo tengo de mis veranos de crío siempre han ido de la mano de una caravana, ya que con mis padres veraneábamos de camping todos los veranos. Pese a que algún año cambiábamos de camping debido al destino o las condiciones de viaje que queríamos, siempre solíamos pasar los veranos en un mismo camping. Es mi experiencia y los recuerdos que me trae esa etapa, lo que me gustaría transmitir en el post de hoy.

Mi familia y yo solíamos ir cada verano al Camping la Verneda de Sant Cebrià de Vallata, un pueblo del Maresme cercano a Sant Pol de Mar, para mí la mejor opción tras lo vivido. Recuerdo que al principio no había piscina y realmente aparte de unas pistas de petanca, un campo de fútbol sala de arena y una canasta en medio del bosque, no había mucha cosa. Luego con el tiempo abrieron la piscina, se arregló el camino a ella y sus alrededores, se hizo también un campo de volley, pusieron dos canastas para poder jugar  a baloncesto y abrieron un terreno con un montón de nuevas pistas de petanca. Si a todo eso le sumamos que nos encontrábamos bastante cerca de la playa y con caminos por la montaña por los que pasear u organizar carreras, la diversión estaba asegurada.

campingpiscina

Un día normal en el camping solía ser muy divertido, eso sí, siempre diferente al anterior. Te levantabas ansioso por ir a la piscina en cuanto abriesen, eso sí, no sin antes desayunar un buen tazón de Nesquik con Tostarica. Tras el primer chapuzón ya tocaba hacer algo, desde un partido de fútbol, ir a correr con la bici, construir una cabaña o ir a buscar las pelotas extraviadas en un campo del golf cercano al camping.

Luego llegaba el almuerzo, como en casa durante la semana y barbacoa, ya sea para hacer una paella o carne, los fines de semana. Tras la comida tocaba siesta, una siesta que se veía interrumpida por la bocina que anunciaba el torneo diario de petanca para los adultos. En nuestro caso, más bici, más piscina, más deportes, más cabaña o preparar alguna actividad que organizaba el camping, que podía ser: un concurso de playbacks, un mini Gran Hermano, Karaoke, Tunel del Terror, Miss i Mister Camping, alguna excursión conjunta o una escapada a ver las lágrimas de San Lorenzo.

camping playbacks

Y tras un día nada aburrido y una cena que acostumbraba a ser un bocata llegaba la parte que más me gustaba, la noche. De niños jugábamos al Bote Bote, a policías y ladrones, a cartas Magic, al Monopoly o cualquier divertimento que pudiéramos encontrar. Además no solo éramos un montón también nos lo tomábamos muy en serio, hecho que provocaba que muchas veces el que paraba se fuese a dormir de hartazgo.

Con el tiempo crecimos y algunas rutinas se modificaban. El deporte y participar en las actividades del camping continuó, porque disfrutábamos mucho, pero ya éramos grandes y a alguno los padres lo dejaban solo entre semana. Podíamos pasarnos horas jugando al Monopoly, a la consola de la época o saliendo al local del pueblo que disponía de máquinas recreativas. Pero al crecer, con doce o trece años, mis padres decidieron vender la caravana y dejar atrás esa etapa que tan buenos recuerdos me trae.

campingtrosky

Además no solo era diversión, con el tiempo me he dado cuenta todo lo que me aportó a mi educación el hecho de estar en el camping. En primer lugar te devuelve a los orígenes, hecho muy clave y más en la sociedad actual en la que vivimos.

Me explico, en el camping, si llovía tenías que tener preparadas las regatas para evacuar el agua si no querías que el avancé quedase inundado, yo me encargaba de limpiar los platos junto con mi primo, tirábamos el cable de antena y la colocábamos entre los árboles para poder ver la señal, aprendías a relacionarte con un montón de gente distinta, ya no solo de carácter o entorno, sino también de edad. También, como se ha podido ver, los valores del deporte o el trabajo en equipo estaban siempre presentes ya fuese la bici para desplazarse, el fútbol para divertirse o hacer una cabaña donde colaborar y organizarnos entre nosotros.

Sin duda alguna una de las mejores cosas que hice durante la infancia fue la de ir al Camping La Verneda de Sant Cebrià de Vallalta. Gracias a esa etapa y en una edad más adulta, he podido acampar en muchos sitios sin que me costase en exceso y disfrutando como un enano, ya fuese en un festival de música, en una ruta de senderismo, para viajar por Holanda o en una cala perdida de Port de la Selva. Por todo lo escrito en este post, os invito a que lo probéis de cara a futuros viajes. No tendréis las comodidades de un hotel con buffet libre,  pero estoy seguro de que los más pequeños de la casa os lo agradecerán en un futuro, sino al tiempo 😉




2 Comments

  1. El camping ha sido la segunda residencia de muchos de nosotros. Desde que tomában las vacaciones los niños, nos trasladábamos con la ilusión de volver a ver a los amigos de veraneo. Me ha gustado mucho tu post!!

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